lunes, 5 de octubre de 2009

Influenza AH1N1, ¿Virus peligroso o negligencia letal?

Vanguardia.- Mara Muñoz. - El mundo está buscando combatir el virus de la influenza humana ante la amenaza del rebrote durante el invierno y el pasado 15 de septiembre, la Administración de Alimentos y Medicamentos de EU aprobó una nueva vacuna contra el virus H1N1.El avance médico y científico que esto implica podría ser una buena noticia. Sin embargo, el acceso a los recursos para combatir la amenaza viral no será igual para todos los países ni para todos los habitantes de cada uno de ellos. Éste es un nuevo capítulo de una vieja historia.En el manejo del riesgo influirán decisiones que tomen los gobiernos para enfrentar la contingencia sanitaria. Pero, además, tendrá que ver el cúmulo de decisiones equívocas o acertadas que han asumido a través de la historia en materia de ciencia y salud.Los gobiernos de los cinco continentes han reaccionado de manera diversa a la presencia del virus AH1N1. Las estrategias corresponden no sólo a su nivel de desarrollo económico, sino a su visión del bienestar.Por ejemplo, las naciones del Mercosur han solicitado a organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS), la exención del pago de patentes a las farmacéuticas internacionales para poder producir sus propias vacunas.Brasil, Argentina y Uruguay encabezan esta demanda de salud pública ante la necesidad de dotar a su población de la protección adecuada. La propia OMS gestiona ante las farmacéuticas internacionales la donación de vacunas a los países en desarrollo.Esta reacción en cadena habla de la magnitud de la preocupación internacional. Y es que las pandemias no reconocen fronteras geográficas, económicas ni culturales. Sin embargo, la experiencia internacional y numerosos estudios, como los realizados por Paul Farmer, epidemiólogo de Harvard, señalan que los más afectados suelen ser los pobres, entre los que se encuentra gran parte de la población de México. Aquellos que no tienen acceso temprano a servicios de salud.
El 14 de septiembre, Trinidad Jiménez, ministra de Salud de España, fue clara: “Me preocupa más el bloqueo al sistema sanitario que la mutación del virus”.Éste es un ejemplo, desde el mundo desarrollado, que refleja el interés por encontrar soluciones de largo plazo: el acceso de toda la población a los servicios de salud.Un indicador preocupante es la crisis económica que azota a la población. Particularmente porque entre 40 y 60 millones de personas —según el tipo de estimación— viven en la pobreza.
¿Capacidad o incapacidad?.
Alejandro Páez, subdirector del periódico El Universal; José Pérez Espino, editor de la revista Día Siete, y quien firma este artículo, hemos tomado el caso de la influenza para analizar la capacidad de respuesta del Estado mexicano.En el libro “Influenza: de la Negligencia a la Manipulación”, hacemos un ejercicio de reflexión y análisis para desenmascarar al virus que corroe a la sociedad mexicana.

¿Quien mata a los mexicanos?.
El contexto —del análisis— es una crisis colectiva que los mexicanos no habían protagonizado desde el temblor en la Ciudad de México en 1985. Además, esta vez, la publicidad y alcance territorial de la amenaza viral involucraron a todas las regiones del país, para presentar al agente patógeno como invasor misterioso del cuerpo social. No obstante la afectación general, el discurso y la demanda gubernamental se centrarían en la responsabilidad de los individuos como estrategia para enfrentar la amenaza.
El gobierno de Calderón había levantado un cerco sobre las muestras del virus para acaparar la información que pudiera desvelar su estructura biológica y dar indicios de la dimensión del enemigo. Las muestras habían sido enviadas a Canadá y entregadas a la OMS. Los científicos mexicanos con alto prestigio internacional eran observadores ajenos, agentes ignorados en el estudio de la estructura del virus. El país entero esperaba por la respuesta del norte.
En todo momento el discurso del rezago cultural de los mexicanos automedicados, irresponsables ante sus problemas de salud, desprovistos de la higiene mínima, acompañó la expectativa del anuncio que revelaría la identidad del asesino de mexicanos. El 24 de abril, el Gobierno Federal daría conocer su hallazgo con un tono de alivio: el responsable de las muertes era el virus, primero porcino que luego se nombró AH1N1.
Para entonces, el riesgo colectivo había sido individualizado discursivamente, la perspectiva sobre la seguridad social mínima que el gobierno debe ofrecer a la población se perdía en la irracionalidad provocada por el temor y la confusión.
La información y desinformación sobre los muertos dejó sin resolver preguntas centrales sobre la calidad que tuvo su vida: ¿Cuál era su nivel de ingreso? ¿Cuál era su ubicación geográfica en relación a la atención médica disponible en el área? ¿Contaban con seguro médico y de qué tipo? ¿En qué etapa de la enfermedad habían contado con atención médica? Las respuesta que la población merecía, o en lenguaje burocrático la rendición de cuentas, estaba compuesta de opiniones, especulaciones o conjeturas mediáticas basadas en las cifras que el gobierno daba a conocer de manera aislada.Al final, el mal sin rostro, el enemigo anónimo y encubierto fue la forma más eficaz de deslindar responsabilidades, de evitar la discusión pública incómoda.
El enemigo a vencer
Durante la crisis por el virus de la influenza la cruzada del miedo sobrepasó la revelación sobre el deficiente nivel operativo de los servicios de salud, para manifestarse en una cruzada contra la inteligencia: ignorando los recursos científicos y tecnológicos que han sido financiados públicamente, por ejemplo, en laboratorios de la UNAM y del IPN.La discrecionalidad se había hecho presa de la política de manejo de la información por parte del Gobierno Federal.El trabajo con la comunidad científica mexicana desde el momento mismo en que se detectó la atipicidad del virus, hubiera permitido estudiar las muestras para conocer su identidad. La falta de trabajo conjunto reveló por lo menos la inexistencia de vinculación permanente con las instituciones educativas del país, pues de otra manera se hubiera sabido sobre los recursos materiales y humanos con que cuenta México.Nuestro país no tiene una política transversal de ciencia y tecnología que ayude a hacer frente a riesgos sociales como el virus de la influenza humana. Esto hace que los pocos recursos que se destinan para este rubro no se aprovechen de manera óptima para el beneficio común.El Gobierno Federal prefirió enviar las muestras del virus de la influenza a laboratorios de Canadá y restringir su acceso a los investigadores nacionales que trabajan desde laboratorios en las universidades y centros y laboratorios de investigación. La pregunta es ¿por qué? El IMSS alguna vez tuvo relevancia a nivel internacional por la investigación realizada en materia de salud.
Desde el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, en 1988, hace dos décadas, la política en materia de investigación científica dentro del IMSS ha sido de desmantelamiento. En los hospitales descentralizados de la SSA se producen cuatro investigaciones anuales por cada investigador. El promedio de investigaciones en el IMSS es de 1.5 por investigador. Juan Molinar Horcasitas, primer director del IMSS en el gobierno de Felipe Calderón, es célebre entre la comunidad científica mexicana por haber declarado públicamente que no haría lugar a la investigación en materia de salud, si ésta no representaba un ingreso económico para la institución.
En México, la mayor investigación en ciencias biológicas y de la vida se realiza en la UNAM, universidad pública, laica y gratuita. Estas características institucionales obvian la vinculación institucional que debería existir entre la UNAM y el gobierno en sus tres órdenes. Más aún, la participación de la comunidad científica, formada con recursos públicos, es fundamental en una crisis sanitaria como la de la influenza humana.Sin embargo, durante la epidemia por el virus AH1N1 el gobierno de México envió las muestras del virus para ser analizadas en laboratorios de Canadá. También le fueron entregadas muestras al CDC, debido a que es centro regional de referencia epidemiológica de la OMS.

La pregunta es:
¿Realmente México cuenta con los medios para poder realizar este tipo de investigación?.
Hay 100 termocicladores en mi laboratorio”, señalaba Susana Magallón, investigadora del Instituto de Biología de la UNAM en conferencia sobre las investigaciones realizadas al virus de la influenza humana. “Hay amigos que me decían tuvieron que mandarlo a Canadá porque en México no había el equipo necesario para sacar las secuencias, por favor, si en mi laboratorio hay dos.Es inaudito, una falta de conocimiento de lo que como universidad podemos hacer con nuestro conocimiento científico”. La ciencia, el conocimiento científico no se construye con mezquindad, sino con una actitud abierta a la creación que comparte, y entiende la importancia de transparentar y difundir el conocimiento para estimular el pensamiento y el entendimiento de los retos que enfrentamos para pasar a formas más harmónicas de sobrevivencia. La mezquindad es cualidad del oscurantista, quien basa su poder en la ignorancia de los demás.El gobierno tenía la responsabilidad de poner la información de casos a disposición de la comunidad científica, de manera que la preparación y el conocimiento de los científicos hubiera generado nuevos datos para resolver la contingencia pública.
Así, llegamos al borde de otra amenaza de brote del virus de la influenza humana desprovistos de un análisis crítico de carácter biosocial.Sin la rendición de cuentas que nos explique porque murió más gente en México que en ningún otro país y que podemos hacer prevenir este tipo de escenarios. Mientras, la desmemoria se nutre de la falta de reflexión que día a día va determinando un contexto social, que no por ser ignorado es menos violento.

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